Iniciativa de Comunicación para el
desarrollado rural en América Latina

Iniciativa de Comunicación para el
desarrollado rural en América Latina




LA COMUNICACIÓN clave para el desarrollo humano (1 Parte )



La participación popular se está convirtiendo en la cuestión decisiva de nuestra época». A esta afirmación del PNUD en su Informe de 1993 sobre el desarrollo humano, añadiríamos: «y para que haya participación debe haber comunicación.

Los programas de desarrollo sólo podrán dar todos sus frutos si los conocimientos y tecnologías se comparten efectivamente, si la población está motivada y empeñada en alcanzar el éxito. A menos que la población sea la fuerza motriz de su propio desarrollo, no se conseguirán mejoras duraderas en su nivel de vida por mucho que se invierta o se aporten insumos y tecnologías.

La comunicación es decisiva en esa tarea por muchos motivos. Por ejemplo, permite a los planificadores consultar con la población, para tener en cuenta sus necesidades, actitudes y conocimientos tradicionales, al determinar y formular programas de desarrollo. Sólo gracias a la comunicación los beneficiarios de un proyecto se convertirán en protagonistas, asegurando el éxito de los programas de desarrollo.

Una mejor comunicación con la población a todos los niveles permite a ésta reconocer los problemas más importantes y encontrar un terreno de acción común, y crea un clima de identificación y participación para poner en práctica sus decisiones.

Además, el desarrollo implica cambio, nuevas formas de actuación. ¿Tendrá la población la confianza suficiente para conseguir que el proyecto funcione? ¿Adquirirá los nuevos conocimientos y competencias necesarios? ¿Cómo podrán superarse las barreras del analfabetismo? Los medios audiovisuales y las técnicas de comunicación pueden ser instrumentos valiosos para asesorar a la población sobre nuevas ideas y métodos, fomentar la adopción de éstos y mejorar la capacitación en general.

La comunicación es también imprescindible para mejorar la coordinación y el trabajo en equipo con el fin de gestionar los programas de desarrollo y obtener apoyo institucional.

Vivimos en la era de la comunicación y estamos empezando a ver sus repercusiones sobre el desarrollo. La comunicación para el desarrollo, basada en la experiencia de la FAO y de otros organismos ha alcanzado un nivel en el que puede tener efectos notables y positivos sobre muchos programas de desarrollo.

En este folleto no solo se promueve el concepto de comunicación para el desarrollo sino que, también, lo que es más importante, se describe la necesidad de que los órganos nacionales de planificación y decisión adopten resoluciones ejecutivas para aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece la comunicación.

La función de la comunicación

La comunicación puede tener una importancia decisiva promoviendo el desarrollo humano en el nuevo clima de cambio social de nuestros días. A medida que el mundo avanza hacia la descentralización, la economía de mercado y una mayor democracia, mejoran las condiciones para que la población empiece a fijar su propio rumbo al cambio. Pero es necesario aumentar su sensibilización, participación y capacidad Los conocimientos y tecnologías relacionados con la comunicación son esenciales para esta tarea, pero suelen estar subutilizados. Es necesario tomar medidas que impulsen una planificación y aplicación eficaces de los programas de comunicación.

Un nuevo enfoque del desarrollo

En el ámbito del desarrollo se han registrado cambios importantes. Las sociedades se abren al debate y los mercados a la iniciativa privada; se fomentan la privatización y el espíritu empresarial; las nuevas tecnologías son cada vez más accesibles; la gestión de los servicios públicos se acerca gradualmente a los usuarios, cuando no se deja directamente en manos de éstos, con el fin de reducir gastos y buscar socios más interesados en obtener resultados efectivos. De hecho, una multitud de ajustes estructurales modifican profundamente a numerosos sectores de la producción y sus exigencias comportan una repercusión económica y social directa sobre la población.

Los gobiernos de los países en desarrollo ya no son capaces de seguir desempeñando por sí solos las funciones sociales y normativas, especialmente en las zonas rurales. La carga del servicio de la deuda externa agobia a muchas economías y las entidades financieras internacionales apremian a los gobiernos para que reduzcan gastos. Es por lo tanto indispensable obtener apoyo activo y una mayor contribución de la población para rentabilizar el sector público. Por lo tanto los gobiernos se ven obligados a buscar interlocutores nuevos y en ocasiones inusitados, que incluyen desde dirigentes locales hasta personas que forman parte de organizaciones no gubernamentales, los cuales a su vez se ven obligados a asumir responsabilidades nuevas y quizás desacostumbradas.

Además, a medida que nos acercamos a las postrimerías del siglo, se manifiesta con claridad la importancia decisiva de una serie de problemas concretos para el progreso socioeconómico, la equidad y la estabilidad social, para el futuro de la humanidad y tal vez incluso para su supervivencia.

El medio ambiente y su relación con el desarrollo agrícola sostenible y la producción de alimentos plantean un reto de enorme importancia. Un objetivo fundamental es la conservación y uso adecuado de los recursos naturales, degradados a menudo porque la población rural empobrecida no tiene otras opciones inmediatas para cubrir sus necesidades de leña y de tierra. Por lo tanto la explotación excesiva de las zonas boscosas, que lleva consigo la erosión del suelo y la disminución de los recursos hídricos, sólo se podrá acabar adoptando nuevos planes de desarrollo para crear empleo, generar ingresos y aplicar técnicas de conservación. No obstante habrá que conseguir que estas soluciones sean aceptadas por la población local, gran parte de la cual habrá de recibir incentivos y capacitación. Las medidas previstas en el Programa 21, dimanante de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo que se celebró en Río de Janeiro en 1992, sólo se harán realidad si se introducen amplias modificaciones en las actitudes y comportamientos de las sociedades de todo el Mundo.

El crecimiento demográfico, ejerce una fuerte presión sobre los recursos naturales, la producción de alimentos y la capacidad de los gobiernos para ofrecer servicios básicos y fuentes de empleo. El crecimiento demográfico depende de decisiones tomadas a nivel individual. Para ayudar a la población a adoptar decisiones fundamentadas informándola sobre las consecuencias de los embarazos no deseados, el número de hijos y los métodos anticonceptivos no basta con limitarse a enviar mensajes; es necesario dialogar con la población y sus dirigentes para comprender cómo se pueden plantear estas cuestiones para que sean socialmente aceptables y merecedoras de una intervención urgente. Es esencial analizar las motivaciones profundas de la población para poder ayudarla a cambiar su punto de vista.

La pobreza rural no deja de aumentar en muchos países, acelerando la migración urbana y creando problemas económicos y sociales intolerables. Es obvio que la solución está en el desarrollo de las zonas rurales. Casi todas las comunidades rurales se caracterizan por su dependencia de los conocimientos y sistemas de producción tradicionales, estrictamente basados en lo que ha servido para sobrevivir en el pasado. Esto ha hecho pensar que estas comunidades son resistentes al cambio por mucho que les haya costado adquirir sus conocimientos tradicionales y por atinados que sean sus razonamientos. Es necesario que los planificadores tengan ésto en cuenta como primer paso en cualquier proceso de planificación. Para esto, como para todas las actividades de desarrollo rural, la comunicación entre las comunidades locales y las autoridades nacionales tiene una importancia vital, aunque lamentablemente es en las zonas rurales donde es más débil.

La malnutrición es tanto causa como consecuencia del subdesarrollo. Durante los últimos decenios, en muchos países el suministro diario de calorías per cápita se ha ido reduciendo constantemente. La Conferencia Internacional sobre Nutrición, celebrada en diciembre de 1992, señaló que más de 780 millones de personas de todo el mundo sufren malnutrición crónica y que cada año unos 13 millones de niños menores de cinco años mueren de enfermedades infecciosas atribuibles directa o indirectamente al hambre o la malnutrición. Sin embargo, el bienestar nutricional no es sólo una cuestión de disponibilidad de alimentos y capacidad económica de las familias. Depende también de que se conozcan suficientemente y se acepten las dietas apropiadas. Para incorporar componentes nutricionales en las iniciativas de desarrollo relacionadas con la agricultura, la seguridad alimentaria, la silvicultura, el uso de la tierra, la exportación, etc., el planificador deberá conocer en profundidad las prioridades nutricionales de la población dado que no se suele incluir de modo espontáneo.

La participación de la mujer en el desarrollo es otra cuestión prioritaria. En muchos países las mujeres de las zonas rurales realizan la mayor parte del trabajo. Llegado el caso, las mujeres han demostrado una y otra vez que, cuando se les ayuda a movilizarse, son sumamente comprensivas y responsables, aprovechan los recursos disponibles y producen resultados sostenibles. Es necesario que las mujeres mejoren sus conocimientos técnicos y sus aptitudes en materia de organización y que se incorporen en mayor número a los centros de decisión. Una de las tareas concretas en que la comunicación tiene una importancia esencial es la de ayudar a los grupos de mujeres a conseguir una mayor autodeterminación y ampliar el diálogo entre ambos sexos sobre derechos, privilegios y responsabilidades.

Población y comunicación, denominadores comunes

El primer denominador común de estas cuestiones relacionadas con el desarrollo es el factor humano: el resultado de un proyecto dependerá menos de las aportaciones científicas y materiales que de la población que participa en él. Pues, aunque nuestro conocimiento del proceso de desarrollo esté cambiando, no cabe duda de que en el futuro su configuración, ritmo, sostenibilidad y dirección final -para bien o para mal- estarán determinados por la población y su nivel de sensibilización, participación y competencia. La inversión en insumos científicos y materiales no dará fruto si no hay una inversión paralela en «capital humano», consistente en informar a la población, ofrecerle medios para que pueda llegar a un consenso respecto de las medidas adecuadas y promover los conocimientos y capacidades necesarios para aprovechar al máximo las inversiones materiales.

El segundo denominador común de las cuestiones antes esbozados es la comunicación. Si el desarrollo se puede considerar el tejido resultante de las actividades de millones de personas, la comunicación representa el hilo con que se elabora la trama.

Por una parte, en cualquier época de cambio social la comunicación surge espontáneamente en forma de diálogo y debate. En los últimos tiempos, el aumento de la libertad de expresión y los cambios en la estructura política mundial han sido casi simultáneos.

Por otra parte, la comunicación como intervención deliberada para influir en el cambio económico y social es la que ofrece las posibilidades más interesantes. Una estrategia de desarrollo basada en la comunicación puede revelar sabidurías tradicionales y actitudes implícitas de la población, ayudar a ésta a adaptar sus opiniones y adquirir nuevos conocimientos aptitudes, y difundir nuevos mensajes sociales a un público más amplio.

El uso previsto de las técnicas, actividades y medios de comunicación ofrece a las personas un instrumento valioso tanto para experimentar un cambio como para orientarlo. Un intercambio de ideas más intenso entre todos los sectores de la sociedad puede redundar en una mayor participación de la población en una causa común, requisito fundamental para un desarrollo sostenible.

El dilema rural

La labor de la FAO en el ámbito de la comunicación para el desarrollo se centra sobre todo en las zonas rurales, donde la necesidad de servicios de expertos y de organización para establecer una comunicación satisfactoria con las comunidades rurales puede resultar desalentadora.

En los países en desarrollo casi mil millones de personas, es decir más de un tercio de la población adultas son analfabetas. Las comunidades rurales están situadas a menudo en zonas remotas y de difícil acceso. La infraestructura y los sistemas de comunicación -como periódicos radio, television y teléfono, así como salas de reuniones, oficinas y escuelas- que permiten a los ciudadanos estar al corriente de las novedades y participar con conocimiento de causa, no llegan a estas comunidades.

En las zonas rurales, el problema consiste en aumentar la cantidad y el acceso a la información, asegurar su intercambio oportuno y recabar más información de la población rural que sirva de guía en la planificación del desarrollo.

Técnicas y métodos de comunicación disponibles

La era de la comunicación en que vivimos ha sido testigo de una rápida expansión de los medios de información y una mejora de las técnicas para el intercambio de ideas.

Por ejemplo, la aparición de la radio de transistores de bajo costo ha llevado este medio hasta los rincones más apartados de los países menos adelantados, donde los transmisores y receptores que utilizan energía solar permiten salvar la falta de electricidad.

El vídeo representa un buen ejemplo de los avances tecnológicos en el sector de la comunicación. Hace poco más de un decenio, el vídeo era un medio de información voluminoso y caro. El equipo básico para registrar en blanco y negro incluía una cámara y un registrador con un peso de unos 30 kilos, una fuente de energía y, a menudo, un generador eléctrico para actividades de campo, cuyo costo total era s de unos 10 000 dólares. Actualmente un «camescopio» produce imágenes en colores de buena calidad; un equipo con batería pesa menos de 3 kilos y cuesta menos de 3 000 dólares. El tamaño y el precio del equipo de vídeo se reducen cada año, con lo que el uso de la reproducción en vídeo se extiende rápidamente incluso hasta aldeas situadas en remotas zonas rurales.

También se ha revolucionado la preparación de material impreso con textos, gráficos y fotografías. El uso de microcomputadoras ha permitido reducir considerablemente los costos y el tiempo de producción, mejorando notablemente la versatilidad de dicho material y el acceso al mismo.

Medios tradicionales y populares de comunicación como el teatro, la danza, los espectáculos de marionetas y la poesía popular, así como la prensa rural asociada con programas de alfabetización y los materiales audiovisuales pueden ser muy eficaces para estimular las actividades comunitarias y divulgar información relativa al desarrollo.

Actualmente se sabe mucho más sobre la capacidad de comunicación interpersonal que han de poseer quienes realizan actividades de desarrollo sobre el terreno para desempeñar con más eficacia su labor con la población rural. Estas nuevas competencias incluyen la utilización de técnicas como debates de grupo, material ilustrado, entre ellos rotafolios y otros medios tales como el vídeo y elementos audiovisuales que pueden utilizarse para compartir ideas e inducir a la reflexión, o como parte de un método de capacitación basado en la presentación, el debate y la práctica. La capacidad de comunicación interpersonal permite mejorar las actividades a todos los niveles, al reforzar la gestión, el trabajo en equipo y la moral del personal.

Una mirada al futuro

Gracias a estos rápidos avances en la tecnología y en las técnicas de comunicación, puede que estemos ya en la era de la telecomunicación al servicio del desarrollo rural. Los enlaces de microondas alimentados por células solares para la comunicación por teléfono, los aparatos de facsímil e incluso los enlaces por satélite se están introduciendo de modo creciente en las zonas rurales de todo el mundo, ofreciéndoles la posibilidad de salir de su aislamiento tradicional por primera vez en la historia.

De hecho se está contemplando la posibilidad de establecer en aldeas rurales centros de enseñanza por telecomunicación, con terminales de computadora de uso fácil para difundir programas didácticos e informativos de carácter interactivo provenientes de una central similar a la de abastecimiento de agua o electricidad. Los usuarios pagarían una modesta cantidad por el tiempo de uso efectivo. Los programas podrían consistir en imágenes de vídeo, sonido y datos de computadora. Esta tecnología existe ya y es cada vez más barata y accesible, por lo cual el uso de computadoras en las aldeas de los países en desarrollo podría formar parte algun día de una estrategia práctica para reducir la migración de la población rural a las zonas urbanas y promover el desarrollo rural.

Es la hora de la comunicación al servicio del desarrollo

Tanto si con el tiempo se instalan en las aldeas centros de enseñanza dotados de terminales de computadora enlazados con una central como si, por el contrario, se hace un uso más sistemático de los medios de información tradicionales para promover el desarrollo humano, el empleo que se haga de la comunicación no dependerá ya de la disponibilidad de tecnología, sino de la voluntad y la decisión de las autoridades competentes de aprovechar las posibilidades potenciales que la misma ofrece. Las técnicas de comunicación han sido ya objeto de una intensa explotación con fines políticos y comerciales. Ha llegado el momento de ponerlas al servicio del desarrollo.

Tomado de: La Comunicación: clave para el desarrollo humano (FAO)




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