Iniciativa de Comunicación para el
desarrollado rural en América Latina

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La respuesta está en la naturaleza



Las múltiples presiones sobre nuestros recursos naturales hacen cada día más difícil producir nuestros alimentos. Los agricultores y productores alimentarios se enfrentan a un clima cada vez más impredecible, con las consecuencias negativas que eso conlleva, como la escasez de agua y la degradación del suelo, por citar sólo algunas.La agricultura conlleva el 70% de las extracciones de agua dulce. Que representa a su vez sólo el 2,5% de toda el agua del planeta. Por ello necesitamos encontrar una manera de utilizar este precioso recurso de manera eficiente y sostenible para poder continuar alimentando a una población mundial en constante crecimiento. El suelo es también un recurso igual de importante. Alrededor del 95% de nuestros alimentos se cultivan en el suelo, pero un tercio de todos los suelos del planeta están degradados. Como nuestra base de recursos naturales disminuye a un ritmo alarmante, una cosa es segura: no podemos continuar actuando como si no pasara nada.Aquí es donde entran en juego las soluciones basadas en la naturaleza (SbN).Estas soluciones son eficaces, a largo plazo y suponen un enfoque rentable para hacer frente al cambio climático. Estas prácticas pueden proteger nuestros recursos naturales a la vez que mejoran el estado y la calidad de nuestros ecosistemas. Las SbN son una parte esencial de la respuesta global al cambio climático y al desarrollo sostenible.  Pueden por ejemplo ayudar a abordar los desafíos de la falta de agua en el planeta y ofrecer alternativas sostenibles a la producción de nuestros alimentos. Los agricultores son eficaces administradores de las SbN, ya que pueden combinar sus conocimientos tradicionales con nuevas habilidades y capacitación para salvaguardar los ecosistemas de los que depende nuestra producción alimentaria.Presentamos tres ejemplos de cómo las SbN se están ya utilizando en la agricultura en el mundo:

Microcuencas hidrográficas in El Salvador

En la cuenca alta del río Lempa de El Salvador, los agricultores se enfrentaban al aumento de la sequía y la erosión del suelo. Un proyecto de la FAO y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) se centró en las microcuencas hidrográficas –superficies de tierra que recolectan agua–, para reducir el riesgo de desastres y ayudar a los pequeños agricultores rurales a adaptarse al cambio climático.El proyecto capacitó a 55 técnicos de instituciones locales y formó a estudiantes de Escuelas de campo para agricultores (ECA) en el manejo sostenible del suelo. Esto les permitió restaurar una serie de ecosistemas agroforestales, y las familias pudieron desarrollar sistemas de recolección de agua de lluvia para ayudarles a almacenarla para su uso durante los meses más secos. 
 
 
 
Sistemas del patrimonio agrícola del regadío con los qanat en Irán
La tecnología de irrigación mediante el uso de los qanats se desarrolló en Irán ya en el año 800 a.C. Los sistemas agrícolas de la granada, el pistacho y el azafrán en Irán se siguen regando mediante este medio. Este sistema del patrimonio agrícola ha sostenido la seguridad alimentaria durante milenios al proporcionar una fuente fiable de agua a los campesinos familiares de las zonas áridas, donde la agricultura sería de otro modo imposible. Esta SbN tradicional transporta el agua a través de un sistema de conducciones subterráneas hasta la superficie para el riego. Minimiza las pérdidas por evaporación y asegura un uso eficiente de los recursos hídricos disponibles.Sin el sistema de los qanat, el cultivo de muchas especies de plantas no habría sido posible. Algunas plantas autóctonas de vital importancia han podido sobrevivir en las condiciones climáticas más extremas gracias a estos sistemas tradicionales, protegiendo la biodiversidad fundamental de la zona. Estos sistemas combinan naturaleza, cultura y el potencial del medio ambiente y demuestran de manera perfecta cómo el uso de los conocimientos tradicionales de los campesinos puede llevar a una agricultura sostenible en beneficio de las generaciones venideras.
 
 
La Escuela de campo para agricultores de la FAO en Burundi enseñó a la población local a obtener cultivos de elevado rendimiento y resistentes a la sequía. ©FAO/Rachel Nandelenda
 
Producción hortícola en las comunidades de las cuencas hidrográficas de Burundi 
La cuenca del río Kagera alberga ecosistemas diversos y variedad de especies, lo que la convierte en una de las zonas más importantes de África en términos de agrobiodiversidad y producción alimentaria. Sin embargo, sus recursos de tierra y agua dulce están amenazados. La degradación de la tierra, la deforestación y la reconversión de los humedales para actividades agrícolas están destruyendo recursos vitales de los que dependen los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria de la población.Con el fin de gestionar de forma sostenible los recursos de tierra y agua, se adoptó un proyecto hortícola para promover el cultivo de hortalizas que requieren una pequeña superficie de tierra, tienen un ciclo de crecimiento corto y son fácilmente comercializables. A través de las Escuelas de campo para agricultores (ECA), la FAO enseño a los campesinos a anticiparse a los efectos del cambio climático y a cultivar variedades de alto rendimiento y tolerantes a la sequía.Los SbN pueden desempeñar un papel fundamental en la mejora de la productividad agrícola, manteniendo y fortaleciendo al mismo tiempo la integridad de los ecosistemas. Es un enfoque muy útil para transformar el sector agrícola, a fin de que sea a la vez beneficiario y custodio de los ecosistemas. Un enfoque que se necesita más que nunca para ayudar a cumplir el Acuerdo de París sobre el cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Mediante el uso de los SbN, podemos continuar produciendo nuestros alimentos a la vez que protegemos los recursos naturales necesarios para la seguridad alimentaria del futuro. 
 
Fuente: FAO

 

 

 




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