Iniciativa de Comunicación para el
desarrollado rural en América Latina

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Los saberes de la ruralidad



Escrito por: Aymé Quijia Luguaña
Pueblo Kitukara, Comunicadora Social

La memoria histórica de nuestras parroquias rurales y comunidades constituyen libros de conocimientos sustentados a través de la sabiduría de sus habitantes. Los imaginarios, las prácticas diarias y actividades comunes abren una visión más amplia de la fortaleza de nuestra oralidad, en muchos casos con sus rasgos o experiencias vividas que ha sido transmitida de generación en generación.

La memoria fundamentada en la oralidad refleja la historia no escrita, un cúmulo de conocimientos mantenida en la sabiduría de los propios actores, personajes que determinan un sinnúmero de elementos como el compartir comunitario a través del diálogo, las asambleas, los encuentros, festivales, entierros y las mingas, entre otros factores, que enriquecen a nuestras comunidades definiendo su identidad.

Lo fundamental a través de estos conocimientos cotidianos validados por su propia comunidad es que ellos construyen espacios de representación cultural con referentes simbólicos e imaginarios identitarios, que fortalecen la cultura tradicional de las localidades que inciden en procesos de integración social y un mejor nivel de vida.

La historia vivida y proyectada a un futuro pasa a ser un hecho trascendental que cambia la vida de los pobladores y hace de ellos entes con sentido crítico con raices propias e identidad definida, que sobrevive en esto espacios donde la ciudad avanza a través de las urbanizaciones.

Por ello, una memoria encierra hechos de carácter histórico y mítico, construido y reconstruido por sus moradores que hacen del territorio y sus localidades espacios con una diversidad cultural material y simbólica, referentes de la ruralidad, generada a través de la vida comunitaria que persiste y es rezago de ese diario vivir donde los ejes fundamentales eran y son la solidaridad, la reciprocidad y el compartir que persisten a pesar de la modernidad latente en el Distrito.

Hablar de personajes, comidas, bebidas, dulces tradicionales, sectores cotidianos, agricultura, comercio, habitantes, entorno, mitos, leyendas, costumbres y tradiciones hace que nos enfoquemos en la identidad de cada habitante o grupos comunitarios que tienen una infinidad de conocimientos que necesitan ser socializados a través de los trabajos de nuestra memoria histórica y cultural.

Una identidad definida en cada sector, comunidad o parroquia. Nayón con sus plantas conocido como el Jardín Botánico de Quito, Píntag con sus paisajes, Guangopolo con sus artesanías en crin de caballo, Atahualpa con sus cascadas, El Quinche con su santuario, La Merced por el canasto de zuro, etc.

En este contexto, la base de la oralidad y el sustento de la revitalización identitaria de la nueva ruralidad en esta complementariedad de vida son precisamente los Adultos Mayores que constituyen historias, memorias y hechos cotidianos, que hacen de ellos libros abiertos de sabiduría.

Es fundamental el trabajo con ellos, lo que hace que su palabra sea valedera, siempre y cuando sean determinantes en sus sectores y referentes en sus comunidades. Los adultos a través del diálogo nos dan las pautas de la memoria histórica, cultural y mítica de cada sitio. Quien como ellos para darnos a conocer una realidad vivida, y recordada muchas veces olvidada por nuestros jóvenes, para ser transmitida y socializada a nuestros barrios.

Tomado de: Riksinakuy "Que nadie calle tu voz"

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