María Batista: mujer, panameña, agricultora y protagonista de Mesoamérica sin Hambre AMEXCID-FAO

EXPERIENCIA

En el distrito panameño de Mariato, ubicado en la provincia de Veraguas, cerca de la costa occidental de la península de Azuero, vive María Elizabeth Batista González, una agricultora de 38 años, la mayor de 6 hermanos, madre de dos jóvenes adolescentes y, actualmente, auditora fiscal y docente de educación superior.

Destacada por su liderazgo y por promover el desarrollo de la agricultura y de la pesca artesanal en su comunidad, María Batista comparte su experiencia sobre el tiempo, la dedicación y el compromiso que le ha significado el impulso organizativo a la agricultura familiar en la zona en la que vive, un distrito que unos años atrás no contaba con un acceso adecuado para trasladar la producción de las familias agricultoras de los alrededores, quienes únicamente producían para autoconsumo, de manera desorganizada, individual y sin mayor conocimiento técnico.

Ahora esta situación está cambiando.

Los agricultores familiares de Mariato y de todo Veraguas, no solo cuentan con una mejor estrategia organizativa para cultivos diversificados, sino que además desarrollan ferias para la comercialización de los mismos; cuentan con representantes dentro del Comité Nacional de Agricultura Familiar de Panamá (CONADAF); y han desarrollado mucho mejor su proyecto relacionado con la pesca artesanal de una de las asociaciones de la localidad.

Todo gracias al liderazgo de las mujeres veragüenses, particularmente de María.

La agricultura familiar panameña: trabajo, preparación y marcos normativos

En Panamá se estima que el 80% de los agricultores son familiares, la mayoría de los cuales cultivan sus propias tierras con miembros de su familia, y con el principal objetivo de satisfacer las necesidades de alimentación de ésta. Además, estos productores se encuentran en diversos grados de vulnerabilidad, y tienen un reducido acceso a los mercados y servicios.

Así era el caso de la familia de María Batista, que recuerda su niñez ayudando a su papá en la modesta granja ubicada dentro de su misma casa, gracias a la cual criaban y vendían gallinas (entre otros animales), como uno de los principales medios de sustento para las 8 personas que conformaban su núcleo familiar.

Trabajando en la granja y estudiando simultáneamente, María se graduó como bachiller en contabilidad y, posteriormente, como licenciada en esta misma especialidad, lo que le dio la oportunidad de trabajar años después como administradora de un proyecto de inclusión productiva, implementado por el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), con recursos de la cooperación internacional; y, con esa experiencia, apoyar como lideresa impulsadora de la Asociación Agropecuaria de Pesca y Acui turismo de Palo Seco, en una de las playas del distrito de Mariato.

Dado el gran número de agricultores familiares, y su impacto en la economía y la seguridad alimentaria y nutricional, el Gobierno nacional y la FAO (quienes ya venían trabajando de manera conjunta en diversas iniciativas) calificaban de suma importancia la formulación de políticas y programas que fomenten el desarrollo integral y la inserción de la agricultura familiar a los mercados nacionales.

Esta era la misma visión de María.

Es así que, como resultado de su involucramiento activo y destacada participación en la Asociación de pesca, María Batista es contactada por los equipos técnicos de la FAO y la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), en el marco de su iniciativa conjunta de cooperación internacional, el programa “Mesoamérica sin Hambre AMEXCID-FAO”, que trabaja en coordinación con el MIDA, y gracias al cual se intensificó el apoyo al país en este proceso de la creación de los marcos normativos vinculados a la Agricultura Familiar.

A partir de ese momento, María se volvió una de las principales lideresas y aliadas de la FAO y la AMEXCID en el proceso que concluyó en lo que ahora se conoce como la Ley de Agricultura Familiar de Panamá, habiendo brindado una valiosa contribución en la caracterización e identificación de tipologías para dar visibilidad a los agricultores de su localidad.

Más que una agricultora, una lideresa

Como parte del apoyo técnico brindado por la FAO y la AMEXCID, María Batista participó en diversos intercambios de experiencias y asistencia técnica a nivel internacional, en donde no solo amplió sus conocimientos en mejores prácticas agrícolas y de gestión de marcos normativos relacionados; sino que además fortaleció sus habilidades de liderazgo para el impulso de estas iniciativas, la generación de incidencia política y la organización comunitaria efectiva.

Con la experiencia ganada, María trabajó liderando un proceso de consulta hacia los productores para iniciar con el desarrollo de los marcos normativos, habiendo levantado el primer grupo de encuestas del distrito de Mariato, para saber qué era la Agricultura Familiar para las familias de la zona, así como la tipología de acuerdo con el lugar, entre otra información relevante para este proceso.

A partir de entonces, conociendo mejor las necesidades de la comunidad, María formó parte del grupo que lideró la organización de los agricultores para la realización de siembras diversificadas, para que cada productor y productora pudiera ofrecer algo diferente. Es entonces cuando nace la idea de realizar las ferias de agricultura familiar con apoyo del programa “Mesoamérica sin Hambre AMEXCID-FAO”; la FAO y la AMEXCID brindaron apoyo técnico y los insumos necesarios para hacerlas posibles.

Actualmente María Batista es presidenta del Comité Provincial de Agricultura Familiar de Veraguas, miembro activa de la junta directiva del Comité Nacional de Agricultura Familiar de Panamá (CONADAF); y asesora principal de la Asociación Pesquera de Palo Seco.

Hoy, Mariato cuenta con un grupo de productores organizados, con siembras diversificadas, que implementan ferias agropecuarias y con una serie de proyectos en la mira para su pronta implementación.

La lideresa veragüense identifica la comercialización formal como uno de los principales desafíos por superar, así como contar con infraestructuras adecuadas para el procesamiento y manejo correcto de la producción animal y vegetal de las familias agricultoras, lo que considera fundamental para el desarrollo económico de la localidad.

Manifiesta que el grupo de agricultores está gestionando el apoyo institucional en capacitaciones sobre comercialización y aperturas a nuevos mercados, lo que además está incluido como parte de la Ley de Agricultura Familiar, de manera que los pequeños agricultores puedan unirse para ofrecer un mejor volumen a las empresas y al mercado formal.

 “Uno de los aportes que más me satisface desde mi experiencia personal, es permitirme estar siendo la voz de mis vecinos, compañeros y otras organizaciones a nivel de Veraguas. Poder contar la historia de todo lo que hemos crecido y seguir comprometida con el desarrollo de nuestro distrito”, expresó.

Por Ingrid Saravia y Vanessa Olarte

Tomado de: FAO