Las mujeres indígenas paneleras de Kundumí facturan (26-01-2024)

EXPERIENCIA

Francia Elena Giraldo Guasorna es una mujer indígena, de la comunidad Emberá Wera, nacida y criada en el Resguardo Indígena Unificado Unión Chami, en Pueblo Rico, Risaralda, donde ha vivido la mayor parte de su vida, en compañía de sus 11 hermanos menores. 

Su padre les inculcó desde pequeñas a sus hijas el derecho a ser tratadas por igual, por lo que para Francia Elena en su casa no ha sentido el peso del machismo. Recuerda que desde infantes hombres y mujeres han participado por igual, por ejemplo, en las labores de la cocina; así mismo y en la medida en la que iban creciendo comenzaban a participar por igual en las labores de la finca. 

Francia Elena vivió su infancia aprendiendo los oficios de la casa, de los hijos, de la cocina y también del campo: cómo se sembraba el fríjol, el maíz, la caña, teniendo en cuenta la luna, fueron las primeras enseñanzas que, hasta el día de hoy y como le decía su padre, serían herramientas para enfrentar la vida. 

Recuerda que su papá decía “uno no sabe qué le tenga deparado el destino, usted debe aprender a hacer lo que desempeña una mujer en la casa y también en el campo, aprendiendo de todo y el día de mañana, si su pareja no resulta, defenderse sola”. Enseñanzas filiales que les han servido para que ella y sus hermanas hayan logrado valerse por sí mismas, salir adelante solas y levantar a sus hijos a gracias a su trabajo. 

¿Y de su niñez? Ella recuerda que fue muy hermosa, rodeada de naturaleza en la vereda Kundumí , Francia estudió primaria en la vereda con las monjitas Lauritas y en Santa Cecilia el Bachillerato. Sin embargo, su estudio quedó truncado en el 6º año de la secundaria porque un día, cuando tenía 12 años, estando en su casa, llegó un panfleto donde les daban 24 horas para desocupar la casa. A su padre le tocó salir con su mamá, ella y sus 11 hermanos.  

Un paso por el que millones de colombianos han cambiado el rumbo de sus vidas. Como hermana mayor, a Francia le tocó buscar la manera de ayudar a su familia, encontrando en los oficios de empleada de casa en Pereira. Aunque no era lo soñado, tuvo que asumir esta alternativa de trabajo, por la que recibía como salario mensual 150 mil pesos, que le servían para cubrir sus gastos y aportar a su familia, que quedó donde se instaló luego de salir corriendo de la vereda.  

Con mucho esfuerzo terminó el bachillerato y quiso volver a su territorio con su papá, pero él no quiso, pues tenía recuerdos tristes y era mejor aprovechar la oportunidad y los aprendizajes que ya había construido afuera. Su madre se quedó viviendo con su padre, y actualmente ella sigue trabajando la finca. Francia sí volvió a la vereda, ahí conoció a su esposo Luis Antonio, también Embera; llevan viviendo 30 años juntos con 5 hijos, él siempre la ha apoyado y es responsable, así como su padre, sin querer, fue el modelo para que ella escogiera su esposo siendo adulta.  

En el resguardo se tenía, y aún se conserva, la tradición de casar a las mujeres a los 12 años; Francia siempre tuvo la creencia que eso no debía ser así, siempre lo cuestionó desde pequeña y se preguntaba “¿por qué yo sí puedo estudiar y otras niñas no pueden hacerlo?”, le parecía injusto. Por eso le da gracias a su padre por sus enseñanzas, pues fue gracias a su visión y apoyo que  ella logró terminar sus estudios y aprender a trabajar.  

Cuando Francia inició la labor como lideresa de la comunidad, su padre siempre la apoyó; cuando ella sentía que estaba cansada, él trabajó mano a mano con ella en el trapiche y le recalcaba que era un ejemplo para las demás mujeres. Su padre murió de 70 años por una negligencia médica.  

Francia fue nominada a mujer Cafam por una amiga de Pueblo Rico que le insistió en aplicar. En ese tiempo tuvo un momento de mucha recriminación y crítica por su misma comunidad y ella tomó la decisión de inscribirse para motivarse más en su trabajo con las mujeres. Por este premio como mujer Cafam en Risaralda en el 2022, ha sido invitada a diferentes eventos, ha ayudado a gestionar recursos para los proyectos que han vislumbrado para “sus mujeres”.  

La Asociación de Mujeres Paneleras de Kundumí hoy es una realidad lograda y luchada frente a muchas miradas “machistas”, como ella dice, que aún existen. Francia ha venido liderando y apoyando a otros resguardos con mujeres para que se animen a construir su trapiche y a gestionar proyectos. Están constituidas como negocio verde en la ventanilla de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER). 

Proceso en el que en los últimos tiempos ha contribuido el proyecto Pacífico Biocultural, liderado por la FAO, en asocio con el SIRAP Pacífico y MinAmbiente: Este proyecto aportó recursos para una planta de energía y una pulverizadora de panela que transportaron ellos mismos con ayuda de los hombres del resguardo en un largo camino desde Pueblo Rico al trapiche. También podrán contar con una oruga para transportar panela, un sellador de bolsas, el diseño y la impresión de empaques (vea aquí el video producido por ellos mismos: https://x.com/FAO_Colombia/status/1737156282618949659?s=20).  

Historias como la Francia Elena destacan la importancia del trabajo mano a mano de mujeres y hombres a quienes les une la apuesta por hacer de sus territorios escenarios de transformación hacia la equidad y la inclusión. “para nosotras las mujeres, los hombres son complemento; pero tenemos todas las capacidades para salir adelante, mire, tenemos una vicepresidenta, senadoras y cantantes que son ejemplo a seguir”. Y aunque muchos dijeran que perdería su condición de mujer indígena porque ya referencia música occidentalizada y no propia, repite algo que su hija le pide que diga en las entrevistas para recalcar el valor que tienen las mujeres hoy, vengan de donde vengan: “es que ya las mujeres no lloran, las mujeres, facturan”, dice entre risas al pronunciar esta frase que, para Francia y una de sus hijas, les describe como mujeres luchadoras, cada vez más fuertes. 

Francia hoy es ejemplo e impulsa a las demás integrantes de la Asociación de Mujeres de Kundumí para que se eduquen y generen nuevas fuentes de ingreso, buscando la autonomía económica y con la que además tienen posibilidad de aportar a la economía del hogar. Así lo ejemplifica el trabajo de estas mujeres en la asociación, el cual tuvo inicios hace más de 15 años y que, a partir del cultivo de caña y la transformación en panela y otros derivados, les ha permitido crecer pasando de ser un pequeño grupo a siete equipos de trabajo.

Conozca más sobre este proceso de la Asociación de mujeres de Kundumí aquí: https://youtu.be/dhJL_hRAtsA  

Tomado de: FAO en Colombia