Osiris Guerrero: resiliente, fuerte y decidida

Experiencia

Era 25 de agosto de 2009 cuando Osiris Guerrero salió de Bahía Rada, Córdoba con sus tres hijos de 1, 4 y 6 años de edad, huyendo de las amenazas y de la muerte. Las bandas criminales y los grupos al margen de la ley se ensañaban directamente con la población. 

“Salimos a medianoche con lo que teníamos puesto y algunas cosas básicas”, cuenta Osiris. Salió huyendo de Bahía Rada con sus tres hijos, en medio de una lluvia torrencial y gracias a la ayuda de otras personas que, como ella, sabían cómo era subsistir temiendo por su vida y la de los suyos. Y es que esa era la única forma de mantenerse con vida, huyendo, explica Osiris; tenían prohibido salir del corregimiento, aquellos que se habían atrevido a plena luz del día o simplemente se movilizaban por trabajo o cualquier otra razón habían sido asesinados. 

Recuerda Osiris que fueron más de cuatro horas de trayecto, primero caminando lo más rápido que se podía y agradeciendo que la lluvia de alguna manera iba a tener a todo el pueblo encerrado en sus casas, “la idea era salir mudos, sin levantar sospecha”, dice. 

El resto del camino fue en lancha, en medio del aguacero y entre la esperanza de una vida nueva, o por lo menos segura, pero con el dolor de dejar todo, su casa, su tierra, su comunidad. “Fue durísimo salir así, con tanto miedo, pero con una fuerza para seguir sin mirar atrás, que uno no sabe de dónde la saca, es algo que no se quiere ni recordar, pero siempre va estar ahí, nunca se va a olvidar”.
Un comienzo lleno de esperanza y de sabor 

A las 4 de la mañana Osiris y sus hijos llegaron a Bahía Cispata, donde permanecieron por una semana, de ahí continuaron a San Antero y después a La Guajira, donde finalmente se quedaron por un año. “Llegar a La Guajira nos alivió, por lo menos podíamos dormir tranquilos, pero había ese sentimiento como de no pertenecer ahí”, afirma Osiris; sin embargo su objetivo era buscar la manera de seguir adelante, fue así como puso a prueba su fuerza y su resiliencia, “no me podía quedar quieta, ahí decidí usar ese conocimiento que me había dejado mi mamá y empecé a hacer las panochas tradicionales, que tienen la forma como de empanada pero con un relleno dulce, originalmente de coco, y fueron esas panochas las que nos dieron el sustento todo ese año”, dice. 

Mientras Osiris encontraba ese nuevo rumbo y una alternativa de generar ingresos para su familia, Bahía Rada se había convertido en un pueblo fantasma. Para el año 2010 gran parte de las familias del corregimiento habían huido; el desplazamiento forzado, el desarraigo, eran el día a día de ese territorio. Algunos estuvieron dos o tres años fuera, mientras se calmaban las cosas, otros nunca regresaron, comenta Osiris. 

Fue en ese momento cuando Osiris decidió regresar, tenía claro que eso significaba comenzar de cero, pero Bahía Rada era su hogar. “Tomé la decisión de regresar porque en Bahía Rada dejé todo y vivir en un lugar donde uno no se identifica y donde no conoce a nadie, no fue nada fácil. Había días muy inciertos, y me dolía ver que mis hijos se sentían desesperados y ansiosos por regresar; siempre me decían que en Bahía Rada se sentían libres, y donde estábamos, para ellos era como estar en un encierro. Además, no tuvieron la posibilidad de volver a estudiar, y ahí dije ¡no más! voy a regresar a mi pueblo pase lo que pase”, explica. 

A su regreso Osiris ni siquiera encontró la que era su casa, ya no existía, pero esto no la detuvo; se puso manos a la obra y con otras mujeres, muchas de ellas también retornantes, que como ella producían panochas para vivir, decidieron unir esfuerzos, no solo por ellas sino por sus familias y, por supuesto, por su corregimiento. 

Empezaron vendiendo de puerta en puerta las panochas que cada una elaboraba en el fogón de leña de su casa, un proceso que se tardaba por lo menos dos días; uno para elaborar las panochas y otro para salir a vender el producto desde la mañana hasta el final del día, y que muchas veces no compensaba la venta de cada panocha que costaba entre 500 y 1 000 pesos con el esfuerzo que les significaba. 

Con el tiempo, Osiris y varias de las mujeres dedicadas a la elaboración de las panochas vieron que esa era la principal fuente de ingresos de las mujeres cabeza de hogar de Bahía Rada, y querían darle un giro a esta labor. “Sabíamos que en las panochas había un gran potencial, prácticamente todas las mujeres de Bahía Rada sabemos hacerlas y podíamos vivir de ellas. Decidimos agruparnos y conformar la asociación ASARAD, la idea era pasar de prepararlas en fogón de leña, por ejemplo, y producir en volumen, pero para eso necesitábamos asociarnos”, explica Osiris. 

Actualmente 16 mujeres cabeza de hogar conforman la asociación ASARAD (Asociación de productores agropecuarios del corregimiento de La Rada, municipio de Moñitos, departamento de Córdoba) de la que Osiris es su representante legal. Hoy, después de 6 años, han materializado ese esfuerzo con la panadería PANYCOCO donde ahora se comercializan las panochas y otros productos de panadería, como pan de queso, de bocadillo, de arequipe y tortas. 

Gracias al apoyo de diversas instituciones como FAO Colombia y la Embajada de Suecia, financiador del Proyecto Transformación Territorial, Resiliencia y Sostenibilidad, las mujeres de ASARAD han tecnificado su labor. Actualmente cuentan con un horno a gas, una amasadora y una cilindradora, con lo que el proceso de elaboración pasó de un día completo a solo 4 horas.

“Para mi realmente las panochas tradicionales han sido mi salvación, gracias a ellas he podido capacitarme y sacar a mis hijos adelante”. 

Para Osiris este es un logro de la resistencia y la resiliencia de las mujeres de Bahía Rada. Muchas de ellas han perdido amigos y familiares; han sido golpeadas, primero por la violencia y después por la pandemia, pero nada de esto las ha detenido, “todo esto nos ha dado fuerza y gracias al acompañamiento que hemos recibido convertimos las panochas no solo en una fuente de trabajo, sino en una forma de desarrollo para Bahía Rada, gracias a las panochas mi madre me pudo educar, igual que lo he hecho yo con mis hijos. Para mi realmente las panochas tradicionales han sido mi salvación, gracias a ellas he podido capacitarme y sacar a mis hijos adelante”, concluye Osiris. 

Osiris ve los años venideros con grandes expectativas y con la convicción de seguir adelante. PANYCOCO es un gran paso para las mujeres de ASARAD, y un ejemplo de la fortaleza que ellas representan. PANYCOCO ya está realizando entregas a otras ciudades del país como Bogotá y Medellín, por eso estas 16 mujeres trabajan arduamente para llegar mucho más lejos, exportar su producto y seguir aportándole a la transformación de su territorio.

Tomado de: FAO

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