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Desperdicio de alimentos: un problema latente



Según la FAO (2014), la pérdida de alimentos se refiere a ¨la disminución de la cantidad o calidad de los alimentos, es decir, son los productos agrícolas o pesqueros destinados al consumo humano que finalmente no se consumen y que han sufrido una disminución en la calidad que se refleja en su valor nutricional, económico o inocuidad alimentaria. En los países industrializados se desperdicia mayor cantidad de alimentos, mientras que en los países en vías de desarrollo hay pobreza y hambre.

La Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que, actualmente casi mil millones de personas pasan hambre y sorprendentemente, según cifras de este mismo organismo, se pierden mil trecientos millones de toneladas de comida producida para el consumo humano, un tercio del total de su producción.

Estas cifras alarmantes han provocado el creciente interés de organismos internacionales de promover e incentivar a la población para la reducción de pérdidas y el desperdicio de alimentos a nivel mundial. La FAO, como organización intergubernamental desempeña un papel de mediador neutral e independiente, ya que cuenta con la capacidad de coordinar a nivel global las iniciativas, campañas y actividades generadas con el propósito disminuir el desperdicio de alimentos.   

Actualmente se trabajan con iniciativas que luchan por erradicar esta problemática. Una de estas es el Banco de Alimentos, fundación encargada de recolectar los alimentos antes de que sean desechados en los mercados, y luego de que pasen por un proceso de revisión son distribuidos a personas de escasos recursos. Estas y otras iniciativas están en marcha, pero hace falta mucho más, que con el apoyo y colaboración de los ciudadanos se espera cambiar esta problemática.  

Este es un asunto de todos, pues, la pérdida o desperdicio de alimentos se puede dar durante la producción, cultivo, procesamiento, distribución y consumo de los productos. Es decir, todos y cada uno de nosotros es responsable de esta situación, desde el lugar en el que se encuentre.

Ana Caballero, en su artículo “El desperdicio alimentario no es un juego”, señala que “el 42% del desperdicio alimentario mundial procede de los hogares y 39% de la industria.”. Es decir que, aunque los organismos internacionales, gobiernos, instituciones, y demás, contribuyen a desarrollar normativas que brinden soluciones a esta problemática. Esto no se ve reflejado en los resultados. De modo que, son los ciudadanos y las empresas quienes deben asumir la responsabilidad frente a esta realidad y actuar al respecto, dando un giro radical a esta problemática.

Entre los principales motivos para el desperdicio de alimentos se encuentran los malos hábitos de consumo por parte de los ciudadanos. Puesto que, algunos alimentos ni siquiera llegan a ser utilizados y van directo al tacho de basura, después que sobrepasan el tiempo de caducidad. Esto evidencia la falta de planificación en la compra y por ende gastos innecesarios. Lo mismo ocurre con los alimentos preparados, ya que el excedente va también al tacho de basura, alimentos que bien podrían ser bien acogidos por las familias menos favorecidas.

Para evitar este tipo de situaciones, lo recomendables es hacer una planificación semanal de compras. De esta manera, se prescindirá de hacer gastos innecesarios, se ahorrará tiempo y sobre todo se evitará el desperdicio de alimentos. Así mismo, las familias deben calcular y preparar únicamente los alimentos que van a consumir, a fin de evitar excedentes de comida que también irán a la basura.

De acuerdo a datos proporcionados por la FAO, en Quito, al año, se desperdician unas 36,500 toneladas de alimento. Así lo confirma John Preissing, representante de este organismo en Ecuador, quien explica que, según datos del Banco de Alimento de Quito, son cerca de 100 toneladas de alimentos al día que van parar a la basura.

El objetivo de la población en el mundo debería ser reducir gradualmente estas cifras, consumiendo lo justo y desperdiciando menos. Con el fin ayudar al planeta, contaminándolo menos y de paso dando la mano a las familias menos favorecidas que día a día luchan por tener que comer.  

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