Cuando Adriana Romero termina de atender a sus cabras, vacas y pollos, recorre el mismo camino de todos los días hasta la Escuela Primaria Bernardino Rivadavia, en el paraje Las Toscas, departamento Ischilín. Allí prepara el almuerzo para cuatro alumnos. Los conoce tan bien que sabe qué comida le gusta a cada uno y tiene la certeza de que cocinar es también una forma de cuidar.
"Para mí la escuela es el amor de los chicos", dice.
Hace quince años que trabaja como cocinera. Después de servir el almuerzo, vuelve a su casa para continuar la jornada entre los animales, los corrales y las tareas del campo.
"Me gusta cocinar. Llego a mi casa y ya estoy pensando qué vamos a preparar".
Las Toscas se encuentra entre las Sierras del Norte y el paisaje blanco de las Salinas Grandes, una combinación poco conocida de la geografía cordobesa. Allí, el monte nativo chaqueño crece abierto y ralo, con árboles dispersos y grandes claros naturales. En el paraje viven unas veinte familias. Muchas son propietarias de sus campos, aunque durante la semana residen en localidades cercanas como Quilino y regresan los fines de semana para atender los animales y mantener viva la producción familiar.
La falta de una escuela secundaria obliga a muchos adolescentes a irse para continuar sus estudios y no todos regresan. Pero Adriana sí se quedó.
Nació en Las Toscas, igual que su madre y su abuelo. Cuando terminó la primaria no pudo seguir estudiando: las distancias y la falta de posibilidades hicieron que comenzara a trabajar junto a su familia.
"Empecé ayudando a mi mamá con las cabras, las vacas y los pollos. Fui aprendiendo, mirando lo que hacían ellos".
Ese conocimiento pasó de generación en generación, entre recorridas por el monte y trabajos cotidianos.
"Mi abuelo siempre tenía miedo a los incendios. Hacía pequeños caminos por todo el campo, como un laberinto, porque decía que así el fuego no iba a llegar a la casa".
Adriana Romero guía su rodeo caprino en el paraje Las Toscas, departamento Ischilín, Córdoba. La producción familiar forma parte de una forma de vida estrechamente vinculada al monte nativo.
Hoy Adriana continúa ese legado. Mantiene despejado el entorno de la vivienda, limpia los caminos cuando puede y utiliza el fuego con precaución. La leña forma parte de la vida cotidiana: sirve para cocinar en su casa y en la escuela, y es también parte del aprovechamiento sostenible del monte que complementa los ingresos familiares. En un territorio donde los veranos superan con frecuencia los 45 °C, las tormentas eléctricas son cada vez más intensas y los cortes de energía pueden extenderse durante varios días, cuidar el monte y prevenir los incendios adquiere un valor aún mayor.
"Siempre tratamos de ser cuidadosos, pero uno siempre puede aprender más".
Por eso participa en el proceso de formulación participativa del Plan de Prevención de Incendios Forestales para la provincia que impulsa el Proyecto Pagos por Resultados de REDD+ de la Argentina. Para Adriana, no se trata solamente de aprender nuevas herramientas para prevenir incendios, sino también de sentirse parte de un proceso colectivo.
"Antes estas capacitaciones no llegaban hasta acá. Somos una comunidad chica y muchas veces quedamos un poco atrás. Estamos muy agradecidos de que nos tengan en cuenta".
Adriana Romero participa en un taller para la formulación del Plan Participativo de Prevención de Incendios Forestales. Junto a otros productores e instituciones locales, aporta conocimientos y experiencias para fortalecer la prevención.
Las reuniones juntan a productores, vecinos, instituciones locales y equipos técnicos para construir acuerdos sobre el manejo del territorio. Pero también generan algo menos visible: fortalecen los vínculos entre una comunidad que muchas veces permanece lejos de los centros urbanos e instituciones como la Universidad Nacional de Córdoba, que lidera la formulación del plan participativo para prevenir incendios forestales en la zona.
"Es un granito de arena de cada uno. Se generan vínculos y eso ayuda a salir adelante".
Cuando habla del monte, Adriana no habla solamente de árboles.
"El monte significa la vida para nuestra producción".
De él obtiene alimento para sus animales, leña para cocinar y parte del sustento de su familia. El mismo fuego que enciende cada día para preparar los alimentos es el que aprendió, desde niña, a respetar. Ese conocimiento heredado de su abuelo y de sus padres hoy dialoga con nuevas herramientas para prevenir incendios y cuidar un territorio del que depende toda la comunidad.
Cuando imagina el futuro tampoco habla de sí misma.
"Me gustaría que la escuela siga abierta, con más chicos, con más vecinos, que no se pierda todo esto".
En un contexto donde muchas familias rurales enfrentan el desarraigo y la migración, permanecer también es una forma de construir futuro. Adriana sostiene esa decisión todos los días: cuando cuida el monte, cuando alimenta a sus animales y cuando sirve el almuerzo en la escuela que es el corazón de Las Toscas.
En 2026, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) conmemora el Año Internacional de la Agricultora, una iniciativa destinada a reconocer la contribución esencial —y con frecuencia invisibilizada— de millones de mujeres a los sistemas agroalimentarios.
Historias como la de Adriana Romero recuerdan que ese aporte también sostiene la vida de las comunidades rurales, conserva los territorios y mantiene vivo el arraigo en lugares donde cada familia cuenta.
Para obtener más información
• Sitio web: Home | Proyecto Pagos por Resultados de REDD+ de la Argentina | Food and Agriculture Organization of the United Nations
• FAO ARGENTINA (@FAOArgentina) / X
• FAO en español (@FAOenEspanol) / X