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La importancia de la agricultura familiar

Agricultura familiar

Cuando hablamos de alimentar el planeta, nadie merece más reconocimiento que los agricultores familiares. No solo producen la mayor parte de la comida del mundo, sino que, además, proporcionan alimentos que mantiene su salud y la de sus habitantes. El lanzamiento del Decenio de Agricultura Familiar de la ONU (2019-2028) es un paso fundamental en el avance de la agricultura familiar y en la consolidación del importante papel de los agricultores familiares en la definición de nuestro futuro. Es el momento de celebrar su contribución y agradecer a nuestros socios —desde gobiernos a sociedad civil— que hayan luchado con nosotros para llamar la atención sobre el papel de los agricultores familiares en la alimentación y la nutrición del planeta.

El advenimiento de este Decenio de la Agricultura Familiar es la culminación de años de esfuerzos sostenidos. Ha sido un proceso complejo que avanzó, se desaceleró y se enfrentó a reveses hasta que, finalmente, hubo un gran avance: primero, el lanzamiento, en 2014, del Año Internacional de la Agricultura Familiar, y ahora el lanzamiento del Decenio con el objetivo de impulsar acciones concretas para apoyar a los agricultores familiares en los próximos 10 años y más allá. Aunque los agricultores familiares son la base de nuestro sistema alimentario, también se enfrentan a numerosos desafíos. Muchos agricultores familiares en los países en desarrollo viven en la pobreza y, paradójicamente, muchos también pasan hambre. Esto es inaceptable para ellos y para nuestro futuro colectivo.

Son pequeños agricultores, familias de pescadores, habitantes de las montañas y los bosques, pastores y otras personas rurales que trabajan en la tierra pero hacen mucho más: crean empleos, dentro y fuera de sus granjas y hacen crecer las economías rurales. Conservan y restauran la biodiversidad y los ecosistemas, y utilizan métodos de producción que pueden ayudar a reducir o evitar los riesgos del cambio climático. Aseguran la sucesión de conocimiento y tradición de generación en generación. Así, producen alimentos saludables, nutritivos, diversos y culturalmente apropiados. Para poder seguir haciéndolo en una era de cambios rápidos y numerosos desafíos, necesitan nuestro apoyo.

Por eso, el 29 de mayo de 2019, la Organización de las Naciones Unidas para Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) organizaron una conferencia de tres días para lanzar oficialmente el Decenio. No estamos solos en este llamamiento para reconocer el papel de la agricultura familiar: han participado representantes de alrededor de 100 países, incluidos agricultores y organizaciones de agricultores.  

Los agricultores familiares en los países en desarrollo tienen un enorme potencial, pero carecen de acceso a recursos y servicios para apoyar la producción y comercialización de alimentos. La infraestructura en las áreas rurales es pobre, y las condiciones ambientales y climáticas de las que dependen están amenazadas. Los responsables de las políticas deben reconocer estos desafíos y tomar medidas. Pero, con demasiada frecuencia, las voces de los agricultores familiares no se escuchan en los procesos políticos.

Las mujeres, que son la mitad de los agricultores familiares del mundo, se enfrentan a enormes limitaciones. La juventud rural también es altamente vulnerable. El momento de actuar es ahora. Y por eso no solo instamos a la comunidad internacional a que brinde más apoyo a los agricultores familiares, sino también a que planifique qué se debe hacer y cómo.

El Plan de Acción Mundial para el Decenio de la Agricultura Familiar guiará nuestros esfuerzos para crear un entorno más propicio, y propondrá acciones que se pueden tomar en este período (2019-2028). El plan destaca la necesidad de aumentar, entre otras cosas, el acceso de los agricultores familiares a los mercados, las oportunidades de generación de ingresos, los programas de protección social, el desarrollo de capacidades y la información. También señala la necesidad de fortalecer las organizaciones de agricultores familiares para desarrollar soluciones colectivas e integradas.

Al invertir en las personas de las que dependemos, estamos invirtiendo en sistemas de producción de alimentos que sean saludables. Sistemas que puedan combatir el hambre y la desnutrición en todas sus formas —incluido el creciente problema de la obesidad— y pueden proteger nuestro medio ambiente y construir sociedades más igualitarias. En última instancia, al invertir en la agricultura familiar, estamos haciendo lo correcto para nosotros y para las generaciones futuras.

Fuente: EL PAÍS

 

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